Ya estoy aqui de nuevo. La verdad que esto del blog engancha.
Bueno, hoy voy a por la segunda parte de mi infancia. En el capítulo de hoy, os contaré los momentos difíciles y mis momentos de venganza (vamos, pequeñas cabronadas).
Antes que nada, quería deciros que, un día, en mi chalet, mientras me cambiaban el pañal, me caí de la mesa que es bastante alta, y sólo tenía unos meses. Así me quedé. (Ésto es sólo una nota aclaratoria para justificar mi comportamiento en algunas ocasiones anormal).
Empiezo: Cuando yo tenía 6 años, mi vida parecía ser perfecta. Vivía en el centro de Valencia, con mi padre, mi madre y mi hermana. A sólo unas manzanas, estaba el resto de mi familia: Mi abuela, mis tios, mis primos... Todo muy cerca. Y para una niña pequeña, sentirse rodeada de sus seres queridos es muy importante. Iba a un colegio de monjas, en el que me querían muchísimo. Mi hermana tenía mucha relación con ellas y por ello, al ser la hermana pequeña de Natalia, me cuidaban mucho, y me trataban con especial cariño. Mi mejor amiga se llamaba Rebeca. Blah, blah, blah, total: Al cabo del tiempo, mis padres se separaron, mi hermana se metió a monja (que no le habían comido el tarro apenas las monjitas de los eggs) y me vi obligada a irme con mi madre y su novio, un hombre bastante duro a la hora de educar. Pero para eso estaba yo, que era una cabronaza. Siempre le he hecho la vida imposible, y él a mi. Somos bastante incompatibles.
Me fui a vivir a otra parte, y me matricularon en un colegio público. Una mierda de colegio, por cierto. Llegué nueva en 5º de Primaria, y aquel fue el peor año de mi vida sin duda alguna. Mi tutora me odiaba con todas sus fuerzas. Y bueno, ya sabéis que los niños son muy crueles. Pero no todo iba a ser malo: Alli encontré a mi mejor amigo y a mi mejor amiga. Adrián y Laura. Menudos... Adrián era un chico muy especial, con el que encajaba muchísimo. Cuando nos juntábamos, éramos lo peor. Hacíamos de todo: Cuando nos quedábamos solos en su casa, poníamos el canal porno (si, leeis bien) y lo subíamos a todo volumen para despertar al vecinito de al lado, al que teníamos tremendo asco.
Otra gran putada que le hicimos a una 'amiga': Mi madre tenía una tienda, y naturalmente, vendíamos Kinder Sorpresa. Esos putos huevos de chocolate que se derriten en menos que canta un gallo. Pues nada, recuerdo que cerramos unos dias en verano, y cuando volvimos a abrir, estaban podridísimos. El olor que hacían es indescriptible. Mi madre me dijo: 'Cariño, ven con Adrián, los abrís y os quedáis con las sorpresas'. Eso hicimos. Llenamos 2 bolsas de basura llenas de Kinder sorpresa podridos, y nos íbamos quedando las sorpresillas... Hasta que tuvimos una gran idea: Flor, una amiga nuestra, a la que antes he nombrado como amiga entre comillas, no hacía más que ponernos música bakala y la odiábamos por ello. Entonces, cogimos las bolsas llenas de Kinders podridos, llamamos a tu casa, dejamos las bolsas y nos fuimos corriendo. Siempre me acordaré de eso. ¡¡Lo que me pude reir!!
El mismo año que me matricularon en ese maldito colegio, llegó un chico inglés. James. Era jodidamente feo. Eso si: muy buena persona. Pero él era digamos, el 'freak' del momento. Tenía unos ojos muy saltones, y los dientes... No sé. ¿Habéis visto la viñeta del 'Sabe Dios' en la que pone: ''No, no fumo porque amarillea los dientes.'' y tiene la piñata a lo tiburón blanco? Pues algo asi. Y pobre chaval, lo que le tocó sufrir. Adrián se inventó unas pruebas que tenía que superar para entrar en nuestro grupo de amigos (que éramos 3 xDDDDDDDDDDDD).
La prueba número uno, era chupar el pipí de mi perra. Pasó a la siguiente fase.
La prueba número dos, era meterse en un contenedor y saludar a los coches. Lo consiguió.
La prueba número tres, era comer plantas. Y bien que se las comía...
En fin... Al final, pasó el tiempo y, gracias a dios, maduramos un poco. Al final, el chico inglés se fue a Australia, y Adrián se fue lejos. Y nada, me quedé con Laura, Rak, Rocío y Mary. Y asi es mi grupo actualmente. Juntas, hemos pasado momentos muy, pero que muy difíciles. Pero también, muchas risas... y hemos hecho muchísimas locuras. Ellas son mis figas, y las quiero mucho. Aqui os dejo una foto de todas:

No es que salgamos muy bien, pero lo importante es otra cosa.
Hasta la próxima entrada,
Carla.